martes, 10 de junio de 2014

25M Y CRISIS POLÍTICA


El resultado de las elecciones europeas aporta toneladas de datos que seguro que los investigadores sociales irán desgranando. Pero los que estamos obligados a dar una respuesta útil para hoy, acertando además en la orientación a medio plazo, tenemos la responsabilidad de no quedarnos en explicaciones de epidermis o respuestas de coyuntura.

El 25M expresa en toda Europa una crisis generalizada de la política que se manifiesta en la dificultad, incluso incapacidad, para ejercer las funciones que le son propias. La política, tal como la conocemos, ha perdido buena parte de su capacidad para agregar y representar intereses sociales y gobernar las relaciones económicas y sociales.

Esta es una dinámica global, como sus causas, aunque tiene sus peculiaridades europeas y estatales. Se expresa en la incapacidad de la Unión Europea para romper con las respuestas nacionales y dar una respuesta europea a la crisis económica. Y en España se manifiesta y amplifica en el agotamiento, por cansancio de materiales, del sistema político que surgió de la transición. 

Creo que aún no somos suficientemente conscientes de lo que significa la globalización y su gran capacidad para destruir las formas de organización social y política de los dos últimos siglos.

La política, como todas las formas de organización social e institucional existentes, es hija de una madre, la sociedad industrialista y un padre, el Estado Nación. Unas realidades y un hábitat que están en proceso de extinción y que con ello arrastran a las formas de organización social que crecieron a su amparo.

El modelo industrialista conllevó un proceso de integración de la producción, para maximizar beneficios, que terminó moldeando la sociedad y las instituciones de su tiempo. Una sociedad en que el conflicto social entre capital y trabajo se expresaba de una manera nítida, compacta y simple. Y en la que la agregación de intereses y su representación social y política era más sencilla. Además, contaba a su favor con la posibilidad de componer los intereses en juego, a partir de acuerdos sociales o pactos políticos, como el Estado Social Europeo. Aunque fuera a costa de externalizar algunos costes, hacia fuera de las fronteras europeas, o hacia el futuro, en forma de fractura generacional o de riesgos ambientales.

Ese paradigma ha quebrado, porque la globalización como modelo económico tiene todo su potencial en la descentralización productiva y su consecuencia más importante, la desagregación social. No se trata, como se pretende desde muchos ámbitos, que no exista conflicto capital- trabajo, sino que este se expresa con mucha mayor complejidad y además dificulta la capacidad de agregar intereses y construir alternativas compartidas.

La descentralización productiva ha desvertebrado las relaciones sociales, enfrentando a los trabajadores entre sí, en función de la posición que ocupan en este modelo productivo. Entre trabajadores con empleo y desempleados, entre estables o precarios, entre diferentes países, de diferentes edades, de diferente nivel formativo, entre trabajadores centrales y periféricos en función de su posición en la organización del trabajo.

Además, la globalización empequeñece la capacidad de la política nacional para regular la economía. La ideología dominante convierte en mercancías lo que antes eran derechos y otorga al mercado la función central en la organización social y todo el poder político en la regulación de las relaciones económicas y sociales.

La globalización económica y el globalismo como ideología que la sustenta han posibilitado a los poderes económicos diseñar una estrategia de reparto muy injusto de la riqueza y perversa al mismo tiempo. Una estrategia que podría resumirse en el mensaje que el 1% más rico lanza al 99% restante: “Repartíos el empleo y el salario entre vosotros, que los beneficios del capital no se tocan, al contrario crecen, y de redistribución fiscal de la riqueza ni hablar”.  

La fortaleza de este modelo social estriba en la desigualdad de poder que genera entre un capital financiero global y una sociedad que intenta respuestas sociales y políticas locales. Una desigualdad de fuerzas que conlleva la incapacidad e impotencia de la sociedad para organizarse social y políticamente y responder al capitalismo global. 

Es la descentralización productiva la que provoca una fuerte desagregación social que lleva a la ciudadanía a buscar identidades muy compactas y aumenta las dificultades de las organizaciones sociales y políticaspara agregar intereses, voluntades y compromisos en proyectos compartidos.


Hoy, la construcción de proyectos políticos estables y amplios viene condicionada por la existencia de diferentes conflictos que recorren la sociedad. El eje del conflicto social, con sus derivadas internas en clave de conflictos intraclase entre segmentos de trabajadores. El eje del conflicto territorial sobre el modelo de Estado. El eje del conflicto europeo expresado en el dilema de avanzar en la construcción política de la UE o retroceder hacia la renacionalización económica y política. El conflicto ambiental sobre respuestas a corto, insostenibles a medio plazo. Y el conflicto democrático en relación al papel de actor o de cliente de la ciudadanía en la construcción de proyectos políticos. Además, el factor generacional que transversaliza todos estos ejes, incorpora más complejidad.

Cinco ejes de conflicto que cuando se entrecruzan dan para la configuración de una decena de espacios políticos teóricos que las formas políticas actuales no saben o no pueden articular. El mapa político español y catalán son una buena prueba de ello.

Pero no sólo es un problema político, lo es también de articulación social. Y ello es lo que explica una gran participación sectorial en las movilizaciones contra los recortes y muchas dificultades de articulación social y política de las respuestas. Y ello también explica que los propios movimientos sociales protagonistas de grandes movilizaciones, como la PAH, sean conscientes de la potencialidad de sus luchas y al mismo tiempo de sus limitaciones si no se articulan políticamente.

De estas dificultades solo se han salvado electoralmente, de momento, los proyectos que han primado como exclusiva una sola identidad, un solo conflicto, al que han hecho hegemónico, anulando del debate todos los demás conflictos existentes en la sociedad.

Es en este sentido en el que el 25M aporta en España la mayor novedad. La irrupción en la política institucional – porque en la política ya estaban - de una generación, que se identifica asimismo como la del proceso del 15M, que ha decidido dar este paso. No está de más constatar que esta generación ha dado este paso en mucho menos tiempo que otras generaciones nacidas al calor conflictos sociales, como la de Mayo del 68 o la de la guerra de Irak. Aunque en España ya tenemos el precedente de la generación de las grandes luchas sociales de final del franquismo y la transición, que se implicó en la construcción de proyectos políticos con mucha juventud.

Siendo importante este dato y aportando nuevas potencialidades no parece que vaya a aportar más capacidad de la política para agregar voluntades y capacidad de representación. El problema continua siendo el mismo pero con más actores políticos.
 
Para construir una alternativa en la que se puedan encontrar cómodos proyectos e intereses que responden a identidades muy compactas y en ocasiones excluyentes habrá que utilizar técnicas de alquimista. La clave puede estar en reconocer que el elemento común, el que vertebra, es la recuperación de la soberanía política de la ciudadanía. Este es un factor que nos permite encarar el conflicto de las desigualdades sociales, el de las reivindicaciones nacionales, el del futuro de Europa, el conflicto por la sostenibilidad y el de las formas de acción política que confronta al ciudadano como cliente o al ciudadano como sujeto activo.

Y para articular realidades tan complejas puede que la fórmula mejor sea la de la cultura de los frentes amplios, en los que nadie pierde identidad, pero todos comparten un proyecto común.











lunes, 2 de junio de 2014

MONARQUÍA O REPÚBLICA


La abdicación del Rey Juan Carlos I brinda la oportunidad de debatir sobre la forma de Estado, en el marco de un proceso constituyente que permita reconstruir acuerdos amplios sobre bases más sólidas y menos desgastadas que las del Pacto Constitucional de 1978.

Aunque todo apunta que PP, PSOE y otras fuerzas van a apuntalar la proclamación de Felipe VI no es de recibo que ello se haga sin ningún debate ni participación de la ciudadanía.

Los argumentos esgrimidos, como la inamovilidad de la forma de Estado prevista en la CE, el papel trascendental del Rey en la consolidación de la democracia o la estabilidad institucional que ha brindado la Monarquía, además de ser lecturas parciales y sesgadas de nuestra historia, resultan cada vez más vacíos, especialmente para las generaciones más jóvenes.

La democracia española con todas las potencialidades que tenía en 1978 y que desarrolló después, ha mostrado en estos 35 años algunas de sus limitaciones y en estos momentos un evidente agotamiento. Entre ellas, la exagerada rigidez política para su reforma, fruto de los miedos de aquellos años y de la apuesta por la estabilidad institucional del nuevo régimen político que nació con la CE. La estabilidad de entonces es hoy el inmovilismo que expresa el bipartidismo y que es el principal enemigo de la calidad democrática.

Los 39 años de reinado de Juan Carlos dan para una valoración algo más equilibrada que las realizadas con motivo de su abdicación y que en algunos casos han llegado al papanatismo. No pretendo decir que el Rey no haya tenido ningún papel en el devenir de la democracia española, pero niego que sea su artífice, tal como la hagiografía del régimen pretende escribir.

Entre su proclamación como Rey por las Cortes franquista, la Ley de Reforma Política de 1976 y sus intentos de consolidar una democracia limitada, y la aprobación de la CE de 1978 lo determinante no fue el Rey, sino que la ciudadanía y especialmente el movimiento obrero con sus movilizaciones impidió que se consumara el “atado y bien atado” del franquismo.

Pero como los pactos siempre son fruto de fortalezas y debilidades mutuas, para abrir ese camino se pagaron ciertos peajes. Y uno fue la aceptación voluntaria – porque fue votada- pero impuesta al mismo tiempo de la Monarquía como forma de Estado.  

Formo parte de una generación de ciudadanos que, en contra de sus convicciones, muy arraigadas además en mi entorno familiar, de amistades y de militancia, optó por aceptar esta “imposición democrática” en el marco de un acuerdo más amplio para aprobar la Constitución Española. Aún me resuena la frase que mejor definía el dilema al que debimos enfrentarnos entonces: “El debate no es monarquía o república, sino dictadura o democracia”.

No tengo ningún reparo en decir que creo que, en aquel  momento, se acertó. La democracia no estaba descontada y las posibilidades de alargar el período de dictablanda que duró entre noviembre del 1975 y diciembre de 1978 no estaban descartadas. Con todas las consecuencias que ello conllevaba, en un momento en que crisis económica, crisis social y fin de régimen confluyeron en lo que podía ser una “tormenta perfecta”

Asumo por supuesto que haya quien piense lo contrario, siempre claro que los análisis y valoraciones que se hagan no sean ucrónicos, o sea fuera del tiempo.

En todo caso, de la misma manera que la lucha por la democracia unió sinceramente a personas que habían estado en bandos confrontados en la guerra civil, hoy la batalla por profundizar la democracia debe unir a la mayoría de la sociedad con independencia de la opinión que se pueda tener sobre aquel momento de nuestra historia y lo que votó entonces.

A favor de que se abra un debate sobre la forma de Estado, en el marco de un proceso constituyente, tengo algunos argumentos que me parecen trascendentes. Paso por alto, algunos que son comunes a este tipo de debates, como la superioridad democrática de las urnas republicanas frente a la herencia monárquica.

El Pacto Constitucional de 1978, con sus virtudes y defectos, sufre de cansancio democrático y requiere relegitimarse de la única manera posible, con su renovación a partir del ejercicio democrático de la ciudadanía. Ello es especialmente importante para las generaciones más jóvenes, que no perciben las ventajas comparativas de este sistema político, entre otras cosas, porque se les niega algunos de los derechos básicos, como el empleo.   

No parece creíble que, cuando todo el mundo asume que uno de los problemas de nuestro sistema político es la escasa participación directa de la ciudadanía – tres referéndums en 35 años-, cuando todos los partidos políticos se llenan la boca de participación directa, resulte que se sustrae a la ciudadanía la elección del Jefe de Estado. Aquí los discursos de esta semana pasada chocan con los comportamientos que veremos en los próximos días por parte de algunas fuerzas políticas.

El tercer argumento gira alrededor del binomio estabilidad- impunidad. Sinceramente los acontecimientos de estos últimos años alrededor del Rey y de la Casa Real no permiten hablar de la Monarquía como garante de la estabilidad. Más bien ha sido todo lo contrario. Y podemos caer en la trampa de pensar que ello obedece a la peculiaridad del Rey o de su familia. Nada más lejos de la realidad, la causa de los escándalos reales es la regulación constitucional de una Monarquía que no debe responder frente a sus ciudadanos ni sus representantes. Algunos de los comportamientos del Rey hubieran provocado la dimisión del Presidente de la República y la diferencia estriba en que este responde ante los ciudadanos y el Monarca no. Y eso en el siglo XXI no parece muy acorde con los tiempos que exige la ciudadanía. Lo que promueve la monarquía no es la estabilidad, sino la impunidad en el ejercicio del poder.

Y por último, en un momento de gran concentración de poder, especialmente económico, con un sistema político que en nombre de la estabilidad promueve la concentración de poder político y la desaparición de la división de poderes, la figura de un Presidente de la República podría jugar un cierto papel de reequilibrio de poderes con el Ejecutivo.

Al menos discutámoslo, abramos esta posibilidad. Si no se hace y se impone democráticamente la proclamación de Felipe VI, ninguno de los que ahora se oponen a hacer el debate y dar la voz a la ciudadanía, tendrán mucha autoridad para hablar de nuevas formas de hacer política.

jueves, 15 de mayo de 2014

TWITER Y CONTROL SOCIAL


Desconozco las razones reales que han llevado al Gobierno a anunciar su cruzada para “limpiar” twiter. Según el Ministro del Interior se trata de acabar con un “mal uso” de las redes sociales. Aunque hay quien piensa – yo entre ellos – que en el trasfondo aparece una clara voluntad de control político de estas redes. Incluso es posible que haya influido la necesidad de desviar la atención de los entresijos internos del PP de León que, poco a poco, van apareciendo en relación al asesinato de Isabel Carrasco.

En todo caso este anuncio nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la trascendencia de las redes sociales – no solo twiter- y su uso por los ciudadanos y los poderes económicos y políticos.

No deja de ser curioso que el mismo gobierno que se mantiene pasivo ante las permanentes vulneraciones de derechos humanos perpetrados por los poderes económicos y políticos, con el tratamiento masivo de datos que circulan por las redes, muestre su preocupación por lo que llama “apología de la violencia” en la red. De mucha menor trascendencia para la sociedad.

Aunque no sea este el elemento central del debate no está de más que nos preguntemos sobre si es cierto que twiter actúa como una fabrica de violencia verbal o simplemente es un expositor en el que se refleja una parte de la psicopatía de la sociedad.  Es una interpretación interesada vincularlo a twiter y a los conflictos sociales y políticos. No es infrecuente por ejemplo que, ante un accidente de montaña con muertos, algunos ciudadanos comenten la noticia con frases como “se lo merece por meterse en estos líos” 

Vaya por delante que en la sociedad hay más comportamientos empáticos que psicopáticos, pero estos como todo lo negativo destacan más. La psicopatía entendida como la falta de empatía hacia los otros es inherente al ser humano y se ha dado siempre en cualquier sociedad, pero tengo la intuición que hoy prolifera aún más como consecuencia de unos valores dominantes que destacan la competitividad sin limites frente a la cooperación, el triunfo por encima de cualquier otro valor, el beneficio individual aunque sea  costa de la ruina de muchos otros. Cuando todo se mercantiliza hasta los derechos humanos, la psicopatía social encuentra su hábitat perfecto.  

Tres ejemplos para ilustrar esta afirmación. La crisis ha puesto de manifiesto la ruptura – si es que alguna vez existió- de los vínculos emocionales entre los poderosos y la gente que sufre. La crisis ha hecho proliferar los comportamientos “triunfocratas” de quienes, a fuerza de destacar el valor del esfuerzo, la excelencia, terminan criminalizando a los “perdedores” y haciéndoles responsables de sus desgracias. La psicopatía social es alimentada por quienes no dudan en ganarse la vida instigando desde los grandes medios de comunicación este tipo de comportamientos en programas a los que han tenido el mal gusto de llamarles tertulias.

Si el Gobierno quiere contribuir a atenuar los impactos negativos para la convivencia mejor que dirija su mirada hacia esos programas y esos medios de comunicación y no hacia twiter. Aunque solo sea porque su incidencia social es mucho mayor y porque la propician personas a las que los propios medios han convertido en referentes públicos. Eso si, en cualquier caso que se olvide del Código Penal.

EL tema central de la reflexión que deberíamos hacernos es otro y tiene que ver con la transformación que vive el mundo de la comunicación. En las sociedades modernas, el poder ha pasado de usar la violencia física como medio de control social a otra forma de violencia más sofisticada y eficiente que pasa por el control ideológico de la ciudadanía a partir de la colonización de nuestras mentes.  Eso no significa que los poderosos hayan renunciado al uso de la violencia física como medio de control social, simplemente la tienen en reserva por si fallan los mecanismos más sofisticados. Y ello es tanto más peligroso cuanto más se normaliza, interioriza y se hace imperceptible este control de nuestras mentes. 

Basta ver los procesos de concentración y de control de los medios de comunicación privados y su conversión en divisiones mediáticas de grandes grupos económicos.  

Por eso tiene gran trascendencia la entrada en escena de lo que se ha venido a llamar “medios de autocomunicación de masas”. Como todos los procesos nuevos las incógnitas sobre que nos deparara son muchas. El debate sobre si acabaran sirviendo para emancipar a la sociedad o bien serán nuevos instrumentos más potentes para el control social es tan real como complejo y aún esta verde.

Esta batalla por el uso social de las redes ya se esta dando en muchos terrenos y es cada vez más evidente. De momento con algunas derrotas y algunas victorias, como las recientes sentencias europeas para proteger derechos ciudadanos. Nada nuevo que no haya pasado antes en la historia con otras innovaciones tecnológicas y la batalla por su control social.

Aunque el conflicto es de una gran complejidad, comienza a simplificarse cuando  importantes sectores de la ciudadanía perciben que estas herramientas, de las cuales twiter es la menos sofisticada, pueden servir para eludir aunque sea parcial e incipientemente la intermediación de los medios tradicionales en la comunicación entre ciudadanos. Y sobre todo cuando nos permiten dotarnos de formas de relación y organización social que superen el vacío provocado por la desaparición de los espacios de socialización  de la sociedad industrialista. Por si no ha quedado claro no me estoy refiriendo al debate sobre el modelo industrial de los medios de comunicación tradicionales.

La batalla no ha hecho más que empezar. Las reacciones de los poderosos, que han pasado de ningunear el papel de estos medios de autocomunicación a combatirlos, pone de manifiesto la trascendencia presente y sobre todo futura que le otorgan.
Los ciudadanos podemos seguir dudando o reflexionando teóricamente sobre pros y contra. O podemos actuar. Sin caer en un adanismo juvenil, lo cierto es que lo viejo, las formas de comunicación y organización social de la sociedad industrialista, ha demostrado sus limitaciones para combatir el poder globalizado.  Abrir puertas  a estas nuevas formas de comunicación y organización social es una oportunidad. Sin olvidar que, como demuestra la historia, nada desaparece de golpe y nada se hace en 7 días, salvo en los relatos mitológicos

martes, 13 de mayo de 2014

INDÚSTRIA


Convidat per l’Associació Catalana d’Universitats Públiques (ACUP), he tingut l’oportunitat de participar en les Jornades Catalunya Futur. Rectors d’universitats, empresaris catalans i ponents estàvem convidats a reflexionar sobre formació i mercat de treball.  Molts temes sobre la taula, com generar un model econòmic de més qualitat i quin paper ha de jugar la indústria. I, sobretot, la necessitat de revisar el que fins ara ha estat el diagnòstic hegemònic sobre la relació entre mercat de treball i educació i formació.

És el sistema formatiu el que no promou les qualificacions necessàries per un teixit econòmic que volem intensiu en innovació? O potser és que el teixit econòmic que aposta per la innovació i la qualitat és la minoria i no té capacitat d’ocupar tots els joves formats del nostre país? És el sistema educatiu el que no esta a l’alçada o potser és el teixit econòmic el que envia incentius perversos als joves? Existeix alguna correlació entre el nivell de qualificació dels treballadors i la seva retribució per les empreses? O moltes de les empreses no retribueixen als seus treballadors atenent el seu nivell formatiu? És possible que les empreses retribueixin millor la dedicació intensiva dels treballadors, encara que no disposen de formació, que als treballadors millor formats? És possible que durant la bombolla molts joves abandonessin els estudis tècnics professionals per treballar en feines no qualificades, però millor retribuïdes? És possible que una part dels nostres universitaris s’hagin vist abocats a la subocupació perquè el teixit econòmic no els facilita feines qualificades, ni en els moments de creixement? És possible que una bona part dels treballadors immigrants que tenen nivells formatius superiors a la mitjana hagin estat abocats a la subocupació? Tenen a veure aquests incentius perversos que envia el teixit productiu amb l’augment de les taxes d’abandonament prematur de l’educació post obligatòria, que es va produir durant la bombolla? Pot estar aquí l’explicació que, un cop ha esclatat la bombolla, les taxes d’abandonament prematur hagin millorat significativament, sense que hagin canviat les polítiques educatives ni augmentat els recursos – més bé al contrari-?

En resum, haurem comès durant molts anys un error tan antic com la humanitat, confondre causes i efectes?  No hauríem de revisar el nostre diagnòstic sobre la relació entre sistema educatiu, model econòmic i mercat de treball?

Els empresaris presents en els Jornades no identificaven aquest diagnòstic alternatiu amb la realitat que ells coneixen. Lògic, tots ells són empresaris industrials que han apostat per la internacionalització i que no entenen el futur sense treballadors formats, estables i ben retribuïts. Només hi ha un petit detall, representen una molt petita part de l’empresariat i, sobretot, són empresaris industrials, de sectors on la productivitat no va vinculada a salaris baixos sinó a qualificació, innovació i millores organitzatives.  I és aquí on rau el nostre principal repte, l’estructura productiva del nostre país.

El nostre teixit econòmic pateix importants desequilibris estructurals, que la bombolla especulativa va agreujar i que la crisi ha deixat al descobert. Un excessiu pes de sectors econòmics, com la construcció residencial i el turisme de temporada, amb molta estacionalitat, de tendències ciclotímiques, d’elevada rendibilitat sense necessitat de gaire innovació, que incentiva un model de mercat de treball de forta precarietat.

El segon factor és una estructura productiva formada majoritàriament per pimes i, sobretot, microempreses. A Espanya el  78% de les empreses tenen un màxim de cinc treballadors, mentre que a la UE es considera PIME fins a 250 treballadors. Això fa que el nostre teixit productiu  sigui especialment sensible als cicles econòmics, feble davant les crisis i amb dificultats per la internacionalització.

Junt amb aquests factors d’estructura econòmica, ha estat determinant unes polítiques que en el terreny laboral, econòmic i fiscal, lluny de contribuir al canvi del model, han incentivat els seus desequilibris.

Durant la bombolla especulativa, el retrocés de la indústria ha estat notable. I de totes les causes, la més important ha estat els incentius perversos que arribaven des del mercat i des de la política. El mercat retribuïa les inversions en la construcció i el turisme amb uns beneficis que  multiplicaven per molt els de la indústria. Amb molta menys inversió i menys riscos, la rendibilitat de la inversió  en aquests sectors ha estat molt més elevada que en la indústria. I el que és pitjor, sense necessitat d’innovació ni millora de la productivitat.  És un cas que evidencia els riscos provocats pels incentius perversos del lliure mercat, sense regulació. La combinació abundant de sol i sòl, adobada amb diner abundant i barat i una economia globalitzada, ha estat mortífera.

A més, les polítiques públiques ho han agreujat. Amb una visió a curt termini, de gran lluïment per part dels governs, el que s’ha fet és agreujar encara més aquests desequilibris amb més incentius perversos. Els d’unes reformes laborals que han alimentat la precarització de les condicions de treball o unes polítiques fiscals que han incentivat l’especulació a curt termini. 

Aquestes són algunes de les causes de la caiguda del pes de la indústria en la nostra economia. Primer, durant la bombolla, es va produir una forta desinversió per reconduir el capital  cap a sectors més rendibles. Després, amb la crisi, s’ha produït una forta destrucció de teixit empresarial que, malgrat disposar de productes adequats i mercats, no tenia prou musculatura per encarar la crisi i la manca de capital i finançament.

Unes petites llums d’esperança són les que aporten aquelles empreses que han aprofitat la crisi per obrir-se cap a l’exportació o la internacionalització, tot i que encara són una minoria, especialment entre les pimes. Perquè la mida, en economia, sí importa. I aquí topem amb un altre dels mites malèfics de l’economia i la política, especialment a Catalunya. La imatge entre bucòlica i romàntica de les pimes ens ha fet perdre de vista que a les pimes cal ajudar-les, però no perquè continuïn sent pimes, sinó perquè deixin de ser-ho. I aquí topem amb un gran obstacle, l’escassa cultura de cooperació de les nostres pimes, un mal entès concepte de competitivitat que exclou la cooperació inter- empresarial.   
Tenim davant nostre la possibilitat de redreçar alguns d’aquests problemes estructurals de la nostra economia, però el primer que hem de fer és saber que no hi ha dreceres ni solucions ràpides.  I que, malauradament, les forces del mercat ens arrosseguen cap a la reincidència.

I que, per evitar tornar a ensopegar amb la mateixa pedra, necessitem fer tres apostes nítides. Reforçar el paper de la indústria,  augmentar la mida de les empreses i ampliar l’aposta per la internacionalització. I, sobretot, desincentivar un model econòmic que sense innovació, sense formació ni qualitat de l’ocupació, aconsegueix importants beneficis.

No es tracta de condemnar sectors com la construcció  o el turisme. Al contrari, poden i han de jugar un paper important. Per exemple apostant per la rehabilitació o la industrialització de la construcció. O en el turisme apostant per la desestacionalització i l’oferta de més qualitat. Però la clau en els propers anys passa per reforçar, i molt, el paper de la indústria.

La política pot i ha de jugar una funció important en aquesta transformació del teixit productiu. I el primer que s’hauria de fer és canviar la política de “business friendly” que pot representar BCN World per la política d’“industry friendly” que pot representar Alstom de Santa Perpetua, per posar només alguns exemples d’actualitat.

lunes, 28 de abril de 2014

TERTÚLIES VERSUS DEMOCRÀCIA


Si els tertulians catalans dels "4 Gats" o els madrilenys del "Gran Café Gijón" aixequessin el cap i veiessin la realitat del que avui s’anomena tertúlies, molt probablement tornarien a tancar els ulls, quasi segur de pena. Què comparteixen els Romeu, Casas, Rusiñol o els Pérez Galdós, Valle Inclán i García Lorca amb els tertulians que avui omplen la programació de ràdio i televisió en el que s'ha tingut el mal gust d'anomenar tertúlies ?

És cert que no es pot generalitzar, perquè alguns programes tenen un nivell molt digne. Però no em negaran que la degradació del concepte tertúlia i, més encara, tertulià és generalitzat.

Sí, ja sé que a Catalunya és diferent. Segur? No serà que nosaltres estem més acostumats a l'estil casolà dels nostres "hooligans"? A casa nostra també és freqüent veure ridiculitzar o anatemitzar els qui no pensen igual. Especialment en el darrers temps.

Però més enllà de l'estil més mediterrani o mesetari dels tertulians, la realitat és que la immensa majoria de les tertúlies no contribueixen gaire a millorar la qualitat de la democràcia que, recordem, té un fort component deliberatiu.

I no sols no ajuden a la qualitat democràtica sinó que contribueixen a la seva degradació. Avui el nivell de crispació o de barricada que es viu a les tertúlies no correspon al de la societat -molt més assossegada- ni tan sols al del món de la política. No crec que sigui el debat polític el que contamini crispació a les tertúlies. La degradació abasta tots els àmbits de la vida i no s'atura ni davant de drames humans, com la mort de l'actor Alfons Bayard, al que el seu amic Álex Brendemühl li ha dedicat un "in memoriam" que cal llegir per entendre el que ens està passant.

Posats  a buscar explicacions al fenomen, en suggereixo algunes. Una d’antropològica: les dosis de violència, física o verbal, que tenen totes les societats té en aquestes tertúlies un tub d'escapament. Com ho és també la necessitat de disposar d'enemics als que combatre i culpar de tots els nostres mals. També hi ha raons ideològiques: les tertúlies són una manera molt planera i efectiva de colonitzar les nostres ments d'ideologia dominant, sigui quina sigui aquesta.

Crec que també hi ha raons econòmiques. Molta gent - bé, de fet, no són tants- viuen, en el sentit literal del terme, dels ingressos obtinguts com a tertulians. I per si fos poc, el gènere radiofònic i televisiu de les tertúlies és, en termes comparatius, molt barat de produir. Pocs costos per hora d'emissió i "entreteniment".

Siguin quines siguin les raons, la seva proliferació, com si d'una mala plaga es tractés, està afectant molt negativament la convivència i la qualitat democràtica de la societat. El que fa uns 100 anys era sinònim de diàleg, avui és sinònim d'exasperació i, en molts cops, de degradació de la convivència.

La democràcia, especialment en la seva vessant deliberativa, té en les tertúlies un problema. Clar que, també en aquest cas, resulta molt fàcil responsabilitzar-ne els tertulians.

No crec que es pugui dir allò de "cada societat té els tertulians que es mereix" però tampoc que tertulians, polítics, sindicalistes, empresaris o periodistes tinguin tots els defectes del món en una societat composta per ciutadans plens de virtuts. Molts dels nostres problemes requereixen de més autoexigència ciutadana.

jueves, 24 de abril de 2014

HABITATGE: Derecho social o especulación

Como sea que alguna reflexión mía sobre el tema de la vivienda y sobre recientes conflictos al respecto ha suscitado algún comentario, me permito reproducir un artículo sobre el tema, que publique  en El País en el año 2003.

Que cada uno juzgue sobre si mis reflexiones actuales son coyunturales o no.


HABITATGE: Derecho social o especulación (Feu clic per veure l'article)

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